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Robledo de Chavela (Madrid), España.

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MEDICINA PREVENTIVA

Publicado en Mi Comarca nº 73, Noviembre 2004, p. 20

Más vale prevenir que curar, ya lo dice el refrán, pero ¿cómo se previenen realmente las enfermedades?

Por lo general cuando se habla de "medicina preventiva" tendemos a asociarlo con cosas como "vacunación", "desparasitación" y "factores de riesgo" , todos conceptos propios de la medicina convencional que está basada en la idea materialista de que la mayoría de las enfermedades están causadas por agentes externos al organismo. En el caso de enfermedades parasitarias o infecciosas, esto es bastante obvio: se considera al agente patógeno como algo horrible y hostil a la vida que al ingresar en el organismo minan la salud. En el caso de enfermedades no infecciosas o parasitarias es dónde entra en juego el concepto de "factores de riesgo" que no son más que ciertos hábitos, condiciones y circunstancias, incluidos los defectos genéticos, que predisponen a ciertas patologías, es decir, se sigue echando la culpa a esos factores externos al individuo. Lo curioso de este concepto materialista que intenta explicar toda la vida en términos físicos y químicos, y así lleva a la práctica de medidas para intentar prevenir tal o cual patología dirigidas a erradicar ese agente externo al que le echan la culpa, es que en la realidad no todos los individuos expuestos por igual a dichos agentes patógenos o factores de riesgo enferman ni lo hacen por igual: sus respuestas varían tremendamente dependiendo de su resistencia individual. Es decir, para poder enfermar hay que tener una predisposición, la cual es interna e inherente a cada individuo.

Desde el punto de vista de la homeopatía no se considera que un individuo esté enfermo porque tiene una enfermedad, sino todo lo contrario: un individuo tiene una enfermedad porque está enfermo. ¿Qué significa esto? Los homeópatas consideramos que los seres vivos somos unidades indivisibles y siguiendo una filosofía vitalista reconocemos la existencia de una fuerza vital de la que depende la salud y la vida. Mientras la visión materialista de la medicina convencional occidental trata de ignorarlo, vemos que otras muchas culturas, sobre todo orientales, han reconocido y reconocen la existencia de tal fuerza que anima y gobierna a los organismos físicos y así los chinos lo llaman Chi, los japoneses Ki, los hindúes Prana, los polinesios Mana, etc. De este modo, lo que se llaman "enfermedades" en medicina convencional no son más que unos grupos de síntomas reconocibles, unas manifestaciones locales de una alteración o desequilibrio de la fuerza vital, la cual en estado de salud mantiene al organismo en perfecto equilibrio emocional, estructural y funcional. Así pues, es el desequilibrio lo que realmente hace al individuo susceptible y, por eso, el mejor modo para evitar enfermar es simplemente mantenerse sano. Es decir, evitando la verdadera causa a base de mantener la fuerza vital equilibrada, se evitan las consecuencias que son las distintas enfermedades o dolencias.

Las desparasitaciones no son preventivas (ya que los antiparasitarios lo que hacen es matar parásitos en caso que ya haya un problema) y las vacunaciones son preventivas en cierta medida (dependiendo de varios factores, pero ninguna vacuna es eficaz al 100%), pero tienen el inconveniente de que instalan en el organismo un desequilibrio mayor, una enfermedad más profunda, lo cual es el precio que se pagará a la larga en forma de enfermedades serias de todo tipo, en especial las inmunomediadas: alergias, enfermedades autoinmunes e inmunodeficiencias. Así pues, la verdadera medicina preventiva está en la práctica de hábitos saludables para el mantenimiento de la salud, que en el caso de los animales de compañía incluyen:

1. La atención, el trato y cariño que reciben de sus cuidadores es vital para su bienestar emocional, lo cual incluye dedicación por parte de los cuidadores a su adiestramiento para una integración óptima en nuestra sociedad. Asimismo, el ejercicio debe ser adecuado para la condición de cada animal.
2. El alojamiento y la higiene deben ser óptimos según el requerimiento individual, manteniendo el ambiente del animal libre de tóxicos y saludable.
3. La alimentación debe ser óptima para las características biológicas de la especie, incluyendo todos los nutrientes imprescindibles en las proporciones adecuadas y libre de componentes artificiales y/o tóxicos.
4. La medicación, en caso de ser necesaria, debe ser dirigida a restablecer el equilibrio de todas las funciones del organismo, tanto a nivel físico como emocional, de modo que el sistema natural de defensas del organismo (inmunitario) cumpla con sus funciones de un modo óptimo.

Es entendible que en una sociedad occidental como la nuestra esté arraigado el concepto materialista y por tanto sea más fácil buscar tal o cual sustancia para este u otro agente externo que tener que implementar cambios en el estilo de vida, pero aún así se reconoce que muchas veces el origen de una dolencia física está en el estrés emocional o un desequilibrio psicológico, aunque la medicina convencional poco pueda hacer para eso. De los puntos mencionados, los tres primeros incluyen todos los factores que permiten el desarrollo armónico del animal en el ambiente en que realizará su vida, para lo cual no tenemos más que esforzarnos por conocer y respetar a nuestros compañeros carnívoros y el cuarto punto se facilita mediante el correcto uso de la medicina homeopática y otra serie de terapias naturales o "alternativas".

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